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miércoles, diciembre 01, 2010

O me has engañado o he podido contigo Leopold Bloom.

No se si será una inevitable necesidad de intimidad, una compulsiva búsqueda de respuestas o de nuevas preguntas, de puntos de vista, pero lo que sí se es que la lectura es un fin en sí mismo, un fin copado de múltiples teselas que nunca llegarás a completar. Reunir cada una de esas joyas requiere de una reflexión previa que, a tenor de los caminos sin salida que a veces se eligen, debe hacerse pausadamente, sin prisas. Porque el tiempo es el gran enemigo.


O me has engañado o he podido contigo Leopold Bloom.

sábado, noviembre 27, 2010

Merecimientos

Desacierto cronológico: leer un ensayo sobre la caída del Imperio romano y el papel de Irlanda como salvadora de la civilización. La misma Irlanda que sucumbe ante nuestros pies cayendo libremente por el precipicio. Las reflexiones encadenadas me devuelven a mi mundo privilegiado y al eterno retorno de los merecimientos. Un amigo argentino me dijo una vez: los partidos no se merecen, se ganan.

lunes, noviembre 01, 2010

Una experiencia

A vueltas con Joyce y su Ulises, uno tiene la sensación de que está ante algo importante. Sigues leyendo, con mucha dificultad, animado porque crees entender algo, que no es tan difícil, te repites, y es así, a veces, pero hay enormes intervalos de niebla que, curiosamente, solo puedes entender desde la distancia, desde el transcurrir cadencioso de las páginas.

Es toda una experiencia.

miércoles, octubre 13, 2010

Joyce

Habrá que hacer caso a los que saben de esto e ir a los clásicos, comenzar o seguir por ellos, sin tenerles el mínimo temor. Me lo decía un compañero que se lo había oído decir a Muñoz Molina, no hay excusas para retrasar a En busca del tiempo perdido, Guerra y paz o el Ulises.

Y creo que tienen razón, que suscribo la teoría, que posiblemente sea la mejor manera de comenzar. Por el principio.

Me he atrevido con Joyce y por ahora me parece entender la enorme atracción que ejerce el libro. Todavía estoy en ello, a un ritmo, además, inesperadamente satisfactorio.

miércoles, abril 21, 2010

Dublín


Un lugar llamado Irlanda puede ser la cuna de una visión del mundo que arranque de la literatura. Uno camina por las calles de un Dublín frío y húmedo y no siente dos opciones más que ir a casa a leer, y ya se sabe que del mucho leer deviene el efecto secundario de escribir, o meterse en un pub a atiborrarse de pintas, de guinnes o de ostras, con lo que de nuevo estarás inmerso en el universo literario. Oír, ver, sentir la música, el taconeo del ritmo del violín. Lo celta tiene el atractivo de la libertad, de ese contacto puro con la naturaleza, esa niebla que parece esconder misterios y respuestas, y, cuando ese sustrato se conjuga con otras culturas, influencias o imposiciones, aparece un Joyce que promete ser un nuevo templo sagrado.

¿De verdad que habrá que leer a los clásicos, a las cumbres, sin tenerles tanto respeto?