Tomar la decisión de no ver más telediarios ni informartivos, el verdadero triunfo, quedar atrapados por las redes de la música como cuando tenía quince años y escuchaba una y otra vez la misma canción, y cómo te llevan esas canciones a la feria y a los sábados por la noche, y de nuevo el mayúsculo tiempo perdido y a los remiendos de la personalidad que no pudiste tener pero que la injusticia y la buena memoria te recuerdan con insistencia mientras la digestión pasa por mi cerebro como un camión cargado de troncos.
Quizá "De la Tierra a la Luna" puedan devolverme algo de aquellas tardes tumbado reconstruyendo los retazos de una personalidad desvalida.
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miércoles, diciembre 19, 2012
sábado, noviembre 10, 2012
En busca del tiempo perdido (I)
Vuelve, cada vez que va a la biblioteca infantil, a esconderse en el pasillo de los libros que le faltaron por leer entonces. Las pastas blancas y duras, las mismas que miraba absorto con diez años, siguen en el mismo sitio, pero cobran un significado nuevo, aunque sigue siendo el mismo. Repasa los títulos y comprueba, satisfecho, que ya ha incorporado muchos, pero no puede evitar una gigantesca tristeza del enorme tiempo perdido. Es cuando la úlcera primigenia, la enfermedad incipiente, cobra súbita memoria: horas de televisión, madrugadas de sábado, mañanas de verano, tardes de universidad, los que pasaron y debieron ser y los que se quedaron y no debieron ser jamás, jamás. Acaricia a Wells, Verne, Doyle, Dickens..., puede que sea demasiado tarde.
sábado, mayo 01, 2010
Sentimiento del tiempo
Sube por calle Dos Aceras y mira el derribo de la derecha, los cables oscilan empujados por una leve brisa, le recuerdan a una comba, pero vacía, sin niños que la disfruten. Decide volver y comienza a bajar por la misma calle, echa la cabeza hacia atrás y ve la puerta de su instituto. Suspira. El sol le da en la cara y la brisa se convierte en viento. No sabe a que librería ir. Entra en Proteo y echa un vistazo a las ediciones sobre historia de Málaga y otras cuestiones locales. Ya los tiene casi todos. Le vuelve una especie de sentimiento del tiempo. Cruza. Le fastidia entrar allí, de antemano sabe lo que va a pasar, no soporta ese tipo de desorden, ese desdén que nace de la certeza de unas ventas más que aseguradas. Compra un libro de Soler. Baja hasta calle Comedias y sí que disfruta, de verdad. El sentimiento del tiempo se hace más doloroso. Por el suelo Sven Hassel y Cortázar, por las paredes Skorceny, Pérez-Reverte... Busca a Soler, a Pablo Aranda, a Alfredo Taján, a Garriga Vela. Se busca a sí mismo y encuentra ese sentimiento del tiempo, amargamente placentero.
lunes, abril 05, 2010
El ciclista
El ciclista sube indeciso entre los pinos, ve la casa en ruinas repleta de pintadas apocalípticas y vuelve la mirada al asfalto. Son las cinco de la tarde, es verano y es el único que ocupa la carretera. Alarga la mano para coger la botella, bebe un trago y sigue subiendo. Se detiene antes del destello. Está en mitad de la calzada, pisa con su pie derecho una de las líneas discontínuas. Espera a que se repita el fogonazo. A los diez segundos se repite. Piensa que puede ser algún tipo de artificio, alguna fábrica de pirotecnia en medio del bosque. Son argumentos que no le convencen, mira a su alrededor, como queriendo que aparezca alguien. Nadie. Otro destello. Es, son luces blancas de intensidad regular en su intervalo, con un nítido punto de inflexión que parece oscuro en su centro. Decide esperar sin apartarse de la carretera, desea que pase algún coche, que le pite para que se aparte y poder decirle a alguien lo que está viendo. No hay nubes. Las dos figuras aparecen con el siguiente destello. Desaparecen.
viernes, febrero 19, 2010
El músico
Durante los cinco años que duró su carrera universitaria, pasó cada día delante del músico. Se sentaba en el escalón de un portal de calle los Mártires, arrimado a un trozo de cartón que le servía de plato reclamatorio mientras tocaba una flauta infantil con una dedicación firme y disciplinada. Había veces que el músico no tocaba y hacía como que se reubicaba, que cambiaba de postura por el frío, por el calor o por el entumecimiento de las horas. Trata de recordar alguna melodía, algún susurro o fragmento que le anunciara que unos metros más allá se lo encontraría. Pero no puede. Lo tiene fijo en la memoria, lo reconocería entre un millón, pero no su música. Piensa que al final ha quedado algo más que su arte, algo mucho más importante y también mucho más efímero.
Era y es una calle sucia, de las olvidadas del centro, pero cuyo tránsito le aseguraba, en los horarios estrictamente laborales, un encuentro seguro.
Hace años que no le ve.
Era y es una calle sucia, de las olvidadas del centro, pero cuyo tránsito le aseguraba, en los horarios estrictamente laborales, un encuentro seguro.
Hace años que no le ve.
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